El regreso a un lugar que ya forma parte de mi
Hay eventos que se disfrutan. Y luego está la cicloturista de Strade: una experiencia que se siente, que se recuerda con el cuerpo y que, cuando termina, ya te está llamando de vuelta. En 2026 regresaré a Siena para disputar por tercera vez consecutiva la Gran Fondo Strade Bianche, una prueba que no solo pone a prueba las piernas, sino también la cabeza, la gestión del esfuerzo y la relación íntima entre ciclista, terreno y entorno. Volver a la Toscana no es repetir. Es releer una historia conocida sabiendo que cada edición se escribe de forma distinta.

La cicloturista de Strade como concepto: más que kilómetros
Hablar de la cicloturista de Strade no es hablar solo de un recorrido. Es hablar de una idea de ciclismo: crudo, honesto, sin artificios. Aquí el protagonista no es el crono, sino:
- La grava blanca que castiga cada error.
- El desnivel acumulado que se esconde tras colinas engañosamente suaves.
- La fatiga progresiva, esa que no aparece de golpe, sino que se instala y te acompaña hasta el final, en Via Santa Caterina hasta la mismísima Piazza del Campo.
Es una cicloturista donde no hay espacio para la improvisación. Cada decisión cuenta: desarrollo, presión de neumáticos, hidratación, ritmo… y, sobre todo, respeto al terreno.
El recorrido 2026: cuando el trazado vuelve a mandar
El recorrido de la cicloturista de Strade 2026 mantiene su esencia: sectores de Strade Bianche perfectamente encadenados, terreno irregular y una lectura del esfuerzo que exige experiencia.
No es una prueba para “ir a ver qué pasa”. Es una prueba para leer el día, anticiparse y aceptar que habrá momentos incómodos.
Los sectores de tierra siguen siendo el alma del trazado: largos, irregulares, con cambios constantes de ritmo. El asfalto no es descanso; es transición. Y cada entrada a un nuevo tramo de grava es una invitación a volver a concentrarse. Aquí la técnica es resistencia y la paciencia es velocidad.

Tres ediciones, tres miradas distintas
Mi primera participación fue descubrimiento. La segunda, confirmación. La tercera, la de 2026, será madurez.
Llegar a la cicloturista de Strade por tercera vez cambia la perspectiva. Ya conoces el terreno, sabes dónde se rompe el grupo, dónde aparecen los momentos de duda y dónde conviene guardar una bala más. Pero también sabes que Strade nunca se repite. El clima, el estado de los caminos, el ritmo del pelotón y tu propio estado mental convierten cada edición en una experiencia nueva.
La expectativa ya no es “sobrevivir”. Es disfrutar incluso cuando duele.
Siena: el escenario que da sentido a toda la cicloturista de Strade
No se puede entender la cicloturista de Strade sin Siena. La ciudad no es meta; es recompensa. Entrar en la Piazza del Campo después de horas de polvo, esfuerzo y concentración tiene algo de ritual. No importa el tiempo final: importa haber llegado hasta allí habiendo vivido el camino.
Siena no te recibe como espectador. Te recibe como alguien que ha formado parte de su paisaje durante un día.

Expectativas personales: competir contra uno mismo
En 2026 no busco épica impostada. La épica ya está en el recorrido. Quiero gestionar mejor que nunca los momentos críticos, leer la carrera con calma, llegar entero, pero satisfecho. Porque la cicloturista de Strade no se trata de vencer al terreno, sino de entenderlo, disfrutarlo y acompañarlo hasta el final.
La cicloturista de Strade como experiencia total
Al final, esta prueba resume por qué muchos seguimos montando en bici:
por el reto, por la narrativa, por la sensación de formar parte de algo que trasciende el simple acto de pedalear.
En la Gran Fondo Strade Bianche, los sectores de sterrato no son simples tramos del recorrido: son capítulos con identidad propia, lugares donde la prueba se explica a sí misma. La Piana abre el relato con esa falsa sensación de control, una tierra rápida y ancha que invita a rodar… hasta que el polvo empieza a secar la garganta y te recuerda que aquí nada es gratis. Serravalle introduce el primer desgaste serio: irregular, áspero, donde el ritmo se rompe y las piernas empiezan a entender que el día será largo.
Luego llega San Martino in Grania, probablemente el corazón emocional del recorrido, un sector interminable, solitario, casi silencioso, donde el paisaje toscano se abre y la fatiga se instala de forma profunda, obligándote a pedalear más con la cabeza que con las piernas. Cuando aparece Colle Pinzuto, la épica se vuelve física: rampas cortas, brutales, donde cada metro ganado se paga caro y el público convierte el sufrimiento en espectáculo.
Y finalmente Le Tolfe, el último examen antes de Siena, un tramo traicionero, nervioso, donde el cansancio acumulado convierte cualquier error en sentencia y donde ya se empieza a oler la meta, aunque aún duela demasiado como para celebrarlo. Juntos, estos sectores no solo definen el recorrido: definen el carácter de la cicloturista de Strade, ese lugar donde la épica no se busca, se atraviesa.
En 2026 volveré a Siena sabiendo que el polvo volverá a cubrirlo todo, que las piernas arderán y que habrá momentos de duda. Y también sabiendo que, una vez más, la cicloturista de Strade justificará cada kilómetro recorrido hasta llegar allí. Porque hay eventos que se tachan del calendario. Y otros que se convierten en parte de tu historia ciclista.