En el ciclismo nos encantan las victorias. Los brazos alzados, las fotos para la historia, los podios y las grandes narrativas de superación. Pero, entre tanto foco, a veces olvidamos a esos corredores que hacen mucho más de lo que refleja su palmarés. Ciclistas que rara vez se llevan los titulares, pero que resultan imprescindibles para sus equipos.
Jasper Stuyven es uno de esos nombres que merecen mucho más reconocimiento.
Un cambio de aires después de once años
Después de once temporadas en la estructura del Trek, el corredor belga afrontó un nuevo desafío a comienzos de año: dejar atrás una casa que había sido la suya durante más de una década para recalar en el histórico Soudal Quick-Step.
Un cambio de equipo siempre implica incertidumbre. Nuevos compañeros, nuevas dinámicas y otra forma de entender las carreras. Pero Stuyven ha demostrado que su adaptación ha sido mucho más que satisfactoria.
Los resultados hablan por sí solos. Segundo en París-Tours, tercero en París-Roubaix y en el Tour de Gran Bretaña, sexto en el Tour de Flandes y séptimo en la Milán-San Remo. También ha terminado décimo en Gante-Wevelgem y ha conseguido varios puestos de honor en etapas del Giro de Italia.
Un currículum espectacular para una temporada en la que, curiosamente, no ha conseguido levantar los brazos.
Casi 2.000 puntos UCI y un trabajo que no siempre se ve
El valor de Stuyven no se limita a sus resultados individuales. También está en su capacidad para trabajar por los demás.
Durante el Giro de Italia fue una pieza fundamental para Paul Magnier, que consiguió tres victorias de etapa. Y en el Tour de Francia desempeñó un papel destacado en el tren de lanzamiento de Tim Merlier, también ganador de tres etapas.
Seis victorias de etapa en las grandes vueltas con Stuyven como parte de la maquinaria colectiva. Un ejemplo perfecto de cómo el éxito de un equipo no siempre se explica mirando únicamente al corredor que cruza primero la línea de meta.
A ese trabajo hay que sumar los puntos que ha aportado a Soudal Quick-Step: cerca de 2.000 puntos UCI, una contribución enorme para cualquier estructura que necesita rendir durante toda la temporada.
Y todo ello sin una victoria propia que colocar en el escaparate.
¿Cuánto vale una temporada sin victorias?
Esta es una de las grandes contradicciones del ciclismo. Recordamos a los ganadores, pero no siempre valoramos a quienes están constantemente cerca de ellos. Medimos carreras por las victorias, evaluamos temporadas por el número de veces que un corredor ha levantado los brazos y, en ocasiones, olvidamos todo lo que sucede antes de ese instante.
Stuyven ha firmado una temporada de regularidad, competitividad y generosidad. Ha estado delante en algunos de los monumentos más importantes del calendario, ha rozado grandes triunfos y ha ayudado a sus compañeros a conseguir victorias que también llevan parte de su trabajo.
Por supuesto, ganar importa. Es lo que mueve este deporte y lo que convierte una gran actuación en una página de historia. Pero reducir el valor de un ciclista a su número de victorias es quedarse en la superficie.
Jasper Stuyven no necesita una foto con los brazos alzados para demostrar que ha sido uno de los grandes nombres de la temporada.
Quizá no haya tenido ese día en el que todo sale perfecto. Quizá le falte esa victoria que termine de redondear su año. Pero su rendimiento ha dejado una sensación difícil de ignorar: la de un corredor capaz de estar entre los mejores una y otra vez, y de hacer mejores a quienes le rodean.
Y eso también merece reconocimiento.
Larga vida a este ciclismo. Al de los ganadores, por supuesto. Pero también al de los corredores que trabajan, suman, compiten y hacen posible que otros alcancen la gloria.