Hay victorias que se recuerdan por el resultado y otras que trascienden por la forma en la que se consiguen. Lo que Tadej Pogačar protagonizó en la etapa 20 del Tour de Francia 2026, con final en Alpe d’Huez y cerca de 6.000 metros de desnivel acumulado, pertenece a esa segunda categoría.
Nunca antes se había visto una situación similar. El líder del Tour, vestido de amarillo y con siete minutos de ventaja sobre el segundo clasificado, decidió renunciar a cualquier opción de ganar la etapa para convertirse en gregario de su propio compañero de equipo. Restaban alrededor de 60 kilómetros para la meta, todavía había que superar dos puertos y medio, prácticamente tres ascensiones de enorme dureza, y el esloveno se puso al frente del grupo para trabajar exclusivamente por el tercer puesto de la clasificación general de su compañero.
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Únete a la newsletter →El sacrificio de Pogačar que dejó sin palabras al Tour de Francia
La imagen alcanzó su punto culminante a falta de tres kilómetros. Remco Evenepoel, segundo de la general, lanzó un ataque para intentar hacerse con la victoria de etapa y alcanzó a Sepp Kuss, Richard Carapaz y al propio Pogačar. El líder del Tour tenía fuerzas para seguir la aceleración, pero optó por quedarse junto a su compañero y acompañarlo hasta la línea de meta, celebrando con él un podio que sentía como propio.
Ese es Tadej Pogačar. Un ciclista que ya suma 26 victorias de etapa en el Tour de Francia y que, probablemente, podría haber superado la treintena si en tantas ocasiones no hubiera priorizado la generosidad por encima de su propio palmarés. Además, todo apunta a que conquistará su quinto Tour de Francia, una cifra que lo situará junto a leyendas como Eddy Merckx o Miguel Indurain.
Un gesto que agranda la leyenda del esloveno
Más allá de los números, la actuación de Alpe d’Huez alimenta un debate que cada vez cobra más fuerza: el de su lugar en la historia del ciclismo. Su superioridad deportiva es incontestable, pero lo que más sorprendió fue su humildad, su compañerismo y su capacidad para sacrificarse por un compañero cuando no tenía ninguna necesidad de hacerlo.
En el pasado se habían visto gestos de grandeza. Miguel Indurain, por ejemplo, cedió etapas a rivales y también trabajó en determinados momentos para compañeros de equipo. Sin embargo, resulta muy difícil encontrar un precedente comparable al de Pogačar. Ponerse a tirar del grupo a casi 60 kilómetros de meta, hipotecando una posible victoria de etapa e incluso asumiendo un pequeño riesgo para su propia clasificación general, es una decisión que muy pocos campeones habrían tomado.
Lo ocurrido en Alpe d’Huez no solo refuerza la imagen de un ciclista extraordinario, sino que engrandece aún más una trayectoria que ya apunta a la eternidad. Con apenas 27 años, Tadej Pogačar continúa escribiendo su nombre con letras de oro en la historia del Tour de Francia, del ciclismo y del deporte mundial.