Landa, el último superviviente del Euskaltel de la marea naranja

En 2027, Mikel Landa volverá a vestir de naranja. Y desde el 10 de octubre, cuando Ion Izagirre y Pello Bilbao se bajaron de la bici en Il Lombardia, es el último en activo de aquel equipo que se encontró en 2011, cuando llegó al Euskaltel-Euskadi con 21 años desde el Orbea. Su regreso es una buena excusa para echar la vista atrás.

Eran los tiempos en que julio tenía un color. En Luz Ardiden, en el Tourmalet o en el Alpe d’Huez, cada puerto del Tour se llenaba de camisetas naranjas e ikurriñas. Y los corredores eran de casa, con una filosofía al más puro estilo del Athletic Club. Esa filosofía empezó a cambiar en 2013, cuando la presión de los puntos WorldTour empujó al equipo a fichar fuera. Pierre Cazaux, de Iparralde, se quedó sin sitio por no tener puntos, y al irse lo resumió así: el equipo había perdido su alma. El 20 de agosto de 2013 se anunció que el equipo desaparecía por problemas económicos.

Samuel, el capitán

Nació en Asturias, pero nadie encarnó aquel equipo como Samuel Sánchez. Campeón olímpico en Pekín, fue segundo en el Tour de 2010, su único podio en la carrera, y estuvo a punto de perderlo camino del Tourmalet: se cayó al comienzo de la etapa siendo tercero, el equipo entero se paró a esperarle y la terminó con el radio fisurado. Al año siguiente ganó en Luz Ardiden.

Samuel Sánchez celebra su victoria en Luz Ardiden, en el Tour de 2011.
Samuel Sánchez celebra su victoria en Luz Ardiden, en el Tour de 2011. | Foto: EFE

Sumó 29 victorias con el maillot naranja, más que nadie. Era el líder absoluto del equipo y el gran referente de los jóvenes. En la Vuelta a Burgos de 2011 llegó a Lagunas de Neila con opciones de ganar la general, pero le fallaron las fuerzas, y el chaval que trabajaba para él tuvo su oportunidad. Se llamaba Mikel Landa.

Antón, el escalador de las rodillas abiertas

Igor Antón subía como nadie, con las rodillas abiertas y la cabeza girada hacia un lado. Tenía una forma de pedalear que se reconocía a kilómetros. Los días buenos iba sin cadena, a la altura de los mejores del mundo.

En La Vuelta de 2010 era líder cuando una caída camino de Peña Cabarga le apartó de la victoria final. Se resarció en mayo de 2011 en el Zoncolan: atacó a siete kilómetros de meta y llegó solo, 33 segundos por delante de Alberto Contador, que vestía la maglia rosa. Y aquel septiembre llegó la apoteosis en Bilbao, el día en que La Vuelta volvía a Euskadi después de 33 años: atacó en el Alto del Vivero y ganó en solitario en su casa.

Igor Antón alzando los brazos en Bilbao en La Vuelta de 2011, con el maillot del Euskaltel-Euskadi.
Igor Antón alzando los brazos en Bilbao en La Vuelta de 2011, con el maillot del Euskaltel-Euskadi. | Foto: RTVE

Nieve, el escalador de Leitza

Al día siguiente del Zoncolan le tocó a Mikel Nieve, que ganó en Val di Fassa una de las etapas más duras de la historia del Giro. Dos días seguidos de euforia para un equipo y una afición necesitados de triunfos ese año.

Tras el cierre del equipo se hizo gregario de lujo en el Sky y ayudó a Chris Froome a ganar los Tours de 2016 y 2017. Pero cuando le dejaban suelto, respondía: ganó la montaña del Giro de 2016 y, dos años después, la penúltima etapa el día que cumplía 34. Se despidió en 2022 en el Caja Rural con una espina clavada: no pudo correr su última Vuelta porque el equipo no fue invitado.

Los chavales de la casa

En aquel autobús naranja viajaban también cuatro jóvenes que marcarían la década siguiente.

Gorka Izagirre, el mayor de los hermanos, fue uno de los gregarios más fiables del pelotón, con tres Clásicas de Ordizia y una etapa del Giro de 2017. Ion, el pequeño, ganó con el Euskaltel su primera gran etapa, en el Giro de 2012. Su día más recordado llegó en el Tour de 2016: se lanzó bajo la lluvia por el descenso del Joux Plane y ganó en Morzine. Se despidió como el único español en activo con victorias de etapa en las tres grandes.

Pello Bilbao fue sumando poco a poco. El Giro fue su carrera, con dos etapas en 2019 y dos quintos puestos en la general. Su gran día llegó en el Tour de 2023, semanas después de que su compañero Gino Mäder muriera tras una caída en la Vuelta a Suiza. Ganó en Issoire y se lo dedicó. Este mismo año fue sexto en la Lieja-Bastoña-Lieja, su mejor resultado en un monumento.

Y Landa convirtió aquel día de Lagunas de Neila en su primera victoria. Después llegaron el podio del Giro de 2015 y el Tour de 2017, en el que, trabajando para Froome, se quedó a menos de un segundo del podio tras recortarle 1 minuto y 12 segundos a Romain Bardet en la contrarreloj de Marsella.

Mikel Landa celebra su primera victoria profesional en Lagunas de Neila, Vuelta a Burgos de 2011.
Mikel Landa celebra su primera victoria profesional en Lagunas de Neila, Vuelta a Burgos de 2011. | Foto: RTVE

El último baile

Ion y Pello se despidieron juntos en Il Lombardia. Ion llegó con una fractura de muñeca que casi le deja sin despedida. A Pello le sorprendieron su mujer y sus hijos en el autobús del equipo, y luego aguantó con los mejores hasta terminar séptimo.

Pello Bilbao junto a Ion Izagirre en el momento del pasillo de honor antes de comenzar su última carrera.
Pello Bilbao junto a Ion Izagirre en el momento del pasillo de honor antes de comenzar su última carrera. | Foto: Bahrain / Sprint Cycling

Antes se habían ido Antón en 2018, Nieve en 2022 y Gorka en 2024. Y en 2025 se retiró Jonathan Castroviejo, que compartió vestuario con ellos en 2011, el año en que se dio a conocer ganando el prólogo del Tour de Romandía. Acabó siendo uno de los grandes gregarios del pelotón, y al despedirse recordaba un ciclismo más romántico, cercano y familiar, que ya no existe y que encarnaban el Euskaltel-Euskadi y el Orbea, su equipo de formación.

Las camisetas naranjas y las ikurriñas nunca dejaron de aparecer en las cunetas. Pero en 2027 tendrán un motivo nuevo, o no tan nuevo: de aquel vestuario solo queda Landa, y vuelve a casa.

¿Qué recuerdo te viene a la cabeza cuando piensas en aquel Euskaltel?

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